Convocatoria juevera: Oído cocina
Para más información en el blog de nuestra compañera 👉 Tracy
A las tres de la madrugada, cuando el último bostezo humano se apagó y la cocina quedó en silencio, comenzó la reunión secreta de los habitantes de la encimera.
—El ser humano es una criatura desconcertante —protestó el tomate desde el frutero—. Compra lechuga con entusiasmo y luego deja que muera lentamente en el cajón.
—¡Y el pan! —interrumpió la tostadora, indignada—. Lo introducen aquí con prisas y luego gritan porque sale demasiado tostado. ¿Acaso tengo yo poderes adivinatorios?
La botella de aceite suspiró.
—Yo llevo semanas observándolos. Son extraños. Se preocupan por comer sano y, cinco minutos después, se premian con una montaña de galletas.
Desde el fondo de la nevera habló un yogur casi olvidado:
—Y sienten una curiosa obsesión por mirarnos sin motivo. Abren la puerta, nos contemplan y vuelven a cerrarla. Después repiten la operación diez minutos más tarde, como si apareciera una pizza por generación espontánea.
El microondas emitió un pitido burlón.
—No olvidéis cuando se quedan observándome girar la comida. Son capaces de quedarse hipnotizados mirando una sopa dar vueltas.
El café carraspeó desde el estante.
—Yo creo que dependen de mí para sobrevivir. Antes de beberme son criaturas lentas y silenciosas; después hablan, cantan y creen tener energía infinita.
Todos guardaron silencio.
—Pobres humanos —murmuró la cuchara—. Nos usan para alimentarse... pero claramente somos nosotros quienes sostenemos su civilización.
Entonces se escuchó otra voz que provenía del cajón de los tuppers:
—¿Alguien ha visto mi tapa?
Y veinte voces respondiendo a la vez:
—¡Llevamos años investigándolo!
Creo que el mayor misterio de la humanidad no son las pirámides ni el universo… es dónde desaparecen las tapas de los tuppers y por qué el ser humano insiste en guardar medio limón “para luego”.

Amiga Nuria, boa tarde de paz!
ResponderEliminarUma perfeita conscientização do que se passa na cozinha... somos peritas nos utensílios e no que poderia haver, ainda que fictíciamente, se não fôssemos bem organizadas e se nossa cozinha resolvesse fazer um revertério.
Tenha dias abençoados!
Beijinhos fraternos
Jajaja, como soy humanae siento reflejada en lo que dicen los cacharros de tu cocina
ResponderEliminar¿Seremos tan ratitos los humanos.
Hola Nuria, me alegro de que estés recuperada. Te he echado de menos.
ResponderEliminarIngeniosa y simpática participación, tiene "chispa". Me ha gustado.
Te envío un gran abrazo y besos.
Interesantes reflexiones. Y sí, un café puede ayudar.
ResponderEliminarUn abrazo.
Creo que tiene mucha razón. Todos somos seres extraños, y si extraño es donde pone uno las tapas de los tuppers, ¿qué me dices de los calcetines? Eso sí que es un misterio, ajjjaja.
ResponderEliminarExcelente relato. Un besazo y un fuerte abrazo.
Creo que tiene mucha razón. Todos somos seres extraños, y si extraño es donde pone uno las tapas de los tuppers, ¿qué me dices de los calcetines? Eso sí que es un misterio, ajjjaja.
ResponderEliminarExcelente relato. Un besazo y un fuerte abrazo.
Muy buen aporte, me encantó, sobre todo ese final, el misterio de las tapas de los tappers, me gusto y me divertí leyéndolo, los misterios de los humanos y su cocina, muy bueno, Un abrazo.
ResponderEliminarPATRICIA F.
Alguna vez creo que he visto a mi micro mirándome despectivo mientras veo rodar la taza de café.... Mira que me reído!!!
ResponderEliminarBuenísimo el post, seguro que nos ven así como civilización y yo, para bien o para mal, me siento identificada con algunos de los comentarios de esta cocina tuya.... Genial! Bss ;)
ResponderEliminarMuy ingeniosa.
ResponderEliminarMe ha gustado mucho.
:)
rsssssssssss.... É bem isso mesmo! As tampas, se não forem bem guardadas, se perdem, assim como as meias perdem os pares... Linda rebelião e conversas na tua cozinha!
ResponderEliminarPerfeita!
beijos, chica
Qué bueno, me ha encantado; y es bien cierto, las tapas de los tuppers desaparecen ;DD Un abrazo, Nuria
ResponderEliminarHola Nuria,
ResponderEliminarMuy bueno, al final me he acabado riendo. Y es que no hay mejores testigos sobre los humanos que estos utensilios, ¡qué bien nos han definido! En mi casa pasa lo contrario tenemos las tapas pero nos desaparece el tupper de excursión en los paseo de mis hijos.
Un saludo
Y sí, dónde van a parar las tapas?, eso no he podido descubrirlo.
ResponderEliminarAbrazo
Hola he leído por ahí que has estado mal, me alegro de que estés recuperada. Que ingenioso tu relato. Me gusta. Un abrazo
ResponderEliminarQuè divertit! M'ha agradat molt.
ResponderEliminarAferradetes, Núria.
Buen relato. Si me pusiera a ponerle voz a mis cacharros de cocina, no te digo que muchas veces me denunciarían y llamarían a sanidad porque además de dejado, soy soltero moñigón...
ResponderEliminarUn saludo
Jajaja me he reconocido en algunas cuestiones, en lo de la lechuga y el medio limón, seguro! Jaja un abrazo, Nuria
ResponderEliminarCreo que también el misterio de la ultima loncha seca de jamón de york dentro de su paquete que nadie come pero tampoco tira podría unirse perfectamente al resto. Las tapas de los tuppers, seguro que están en el mismo sitio de los calcetines desaparecidos en la lavadora.
ResponderEliminarMe ha gustado mucho, espero que estés mejor!
Un besazo!
Me ha encantado, Nuria. Los intercambios son ágiles, cada “personaje” tiene una voz reconocible en pocas líneas (el tomate quejica, la tostadora indignada, el yogur olvidado, etc.). Eso es difícil de conseguir.
ResponderEliminarEl remate final es muy bueno. La frase final une el misterio de las tapas de tupper con lo del medio limón y cierra la historia con mucha gracia.
Un abrazo.
Es un misterio, al igual que los tines.
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