Durante el crepúsculo
El crepúsculo cobrizo llenará las horas en que avance el reloj que guarda los días en un mugriento cajón. Tras la frondosa arboleda las hadas danzan bajo el manto de estrellas que cubre el cielo con tinta negra y a veces de color. Seré el sendero bravio que ataje por la vereda del romance impresionista, bajo el lienzo barroco y basto que el pincel dibujó.
Y la princesa dormida por una manzana podrida que mi madrastra me dio. Triste yacía esperando un beso de amor. Llegó pronto un joven, príncipe de condición, que al ver a la muchacha enamorado quedó. Suplicó que lo dejasen darle un solo beso y lo consiguió. Besó a la bella princesa y esta despertó.
La felicidad entró en el reino, que de nuevo floreció y llegaron los retoños con sus llantos y alegrías, la felicidad se instaló en un reino gobernado a base de amor.
Bailaron bajo la brillante bóveda
de estrellas que bendijo su unión.

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