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miércoles, 7 de octubre de 2020

La voz amordazada



Cada primero de mes, 

Noelia emprendía el duro 

camino del dolor y la tristeza. 

La mañana, fría como el hielo, 

no ayudaba a soportar

tanto sufrimiento. 

La congoja era su única 

compañía hasta que llegaba 

las puertas del recinto. 

Un pequeño grupo de personas, 

con el rostro de la tristeza, 

esperaban su turno en silencio. 

Puertas que se abrían; nombres 

que se mencionaban; el frio que 

traspasaba los huesos. 

Dos minutos de llanto, no había

tiempo para más;  y otra vez, 

un mes de espera he incertidumbre

y un amargo silencio.

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