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domingo, 10 de enero de 2021

Ecuanimidad


 

La ecuanimidad del decano de la universidad le provocó insomnio y esto no cambió su buen humor ni su ética. Todo lo contrario, dio a los nuevos alumnos facilidades para acceder a los exámenes de selectividad.

Pronto, aquella actitud empezó a ser comentada en los pasillos: unos lo veían como un gesto de generosidad y visión humanista, otros lo criticaban como un acto de debilidad que ponía en duda la rigurosidad académica de la institución. Sin embargo, el decano se mantuvo firme.

—El conocimiento no debe ser una barrera —decía con serenidad—, sino un puente que cada cual recorre con sus propias fuerzas.

Y aunque sus noches eran largas y su descanso escaso, cada amanecer llegaba al despacho con la misma sonrisa, convencido de que la verdadera grandeza de una universidad no residía solo en la excelencia de sus exámenes, sino en la humanidad de quienes los guiaban.




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