Aquí donde agudizo mis cinco sentimos
permanezco sola en mi triste olvido.
Fue la añoranza del tiempo vivido
que paso factura en mi corazón dolorido.
Y el jilguero canta, quizás embravecido
sobre el árbol que cruje y vela el rocío.
Las nubes asoman sobre cimas y olivos
y danzan las niñas bajo el sol bravío.
Sueño despierta entre sábanas viejas
que arrullan cansadas y el alma desvelan.
Mis huesos crujen y suspiro melancólica
junto al dolorido... tic, tac.
© Nuria de Espinosa

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