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domingo, 29 de enero de 2017

Los elegidos... continuación

    —Hijo, tienes que aprender que no todo el mundo es como nosotros y que siempre habrá gente así, cuanto mejor los trates mejor vivirás y la paz estará siempre en tu corazón.
    — ¡Me parecen las palabras de un cobarde! Pensaba que algún día me enseñarías algo más que fabricar cazuelas y espadas para energúmenos como Duncan.

    —¡¡No tolero esta insolencia jovenzuelo!! No tienes ni idea de cómo soy, ni de cómo te hemos cuidado todos estos años. Siempre preocupados cuando eras un niño y estabas a punto de morir por culpa de esas fiebres incurables.

    — ¡No tuve la culpa de enfermarme! ¡Lo mejor hubiera sido no haber nacido y así una molestia menos para Skartan, el vasallo herrero!

     —¡¡Fuera de mi casa!!¡¡No toleraré más impertinencias!!

    —¡Claro que me voy viejo, a ver si así ya me dejáis en paz y puedo vivir mi vida sin rendir cuentas a nadie, ni rico ni pobre!

Vektam cogió un saco con sus pertenencias y salió de la casa, despotricando y refunfuñando, sin darse cuenta que una sombra le seguía en la distancia. De repente se paró para beber un trago de agua, de soslayo al coger la cantimplora alcanzó a ver que alguien lo estaba acechando. Entonces  se apresuró a llegar al cruce del camino y se ocultó con rapidez. El extraño lo siguió y al llegar cerca de él lo aferró del cuello.

    — ¡¿Qué haces siguiéndome?!—preguntó Vektam.

    — ¡Ay! ¡Suéltame, me haces daño!—contestó el desconocido.

    — ¿Quién eres y que quieres de mí?

    —Me llamo Minna, soy tu vecina desde hace años, y oí la discusión que tuviste con tu padre—respondió mientras se quitaba la capa que le cubría el rostro.

    —No es de tu incumbencia chiquilla.

    —Mira, soy mucho más habilidosa que tú en las armas, y puedo enfrentarme a cualquier enemigo con los ojos cerrados. No todos nos curamos milagrosamente como tú, pero disponemos de otras habilidades especiales con las que defendernos en este mundo tan cruel e injusto.

    —No tengo tiempo para tonterías, debo apresurarme a ver al Magno-Maestro—dijo Vektam mientras apartaba a la joven de un empujón.

    — ¿Para qué quieres ver al anciano? ¿Te crees las viejas historias de la magia arcana?

    —No sé si son verdaderas, he soñado muchas veces con la “Magna Artis” y debe haber una explicación lógica para todo esto.

    — ¿No sabes que hay que pedir audiencia para poder hablar con el anciano? No te recibirá así como así—añadió Minna.


     —Pues pediré audiencia para esta tarde, tengo paciencia—respondió Vektam con voz queda.

© Segí Sarda

Continuará...