CASA DEL LIBRO TU LIBRERÍA ONLINE

miércoles, 7 de septiembre de 2016

Estrellas en la noche


Sara llevaba toda la tarde pensativa. La vida se le aparecía pequeña, muy pequeña; pero aunque sostenía todo el tronco familiar, algunas veces deseaba tener menos trabajo, más tranquilidad. El fin de semana la reunión en familia se había traslado a un área preparada para las barbacoas. Los niños disfrutaron jugando con el balón y Sara de maravillosos momentos. Pero su hermana lo estaba fastidiando todo con sus continuas quejas sobre el calor que hacia y su continuo paripé sobre lo bien que le iba. Esto provocó una inesperada reacción en Sara.
- Y si todo te marcha tan bien, porque narices no te fuiste aun hotel con aire acondicionado? Eh?
Se hizo un silencio sepulcral en el salón.
-Mira Sara- respondió Claris- Esta claro que hoy no estas de buen humor, así que será mejor que me vaya.
-Si, será lo mejor, o te diré todo lo que no te he dicho en veinte años y te aseg...
Claris no la dejó terminar la frase.
-No digas nada más. Me marcho de inmediato. Nunca debí haber venido.
Se fue directamente sin esperar la reacción o respuesta de Sara hacia la habitación en la que tenía sus cosas. Tras diez largos minutos salió y se marchó sin despedirse.
Sara con el sentimiento de rabia y culpabilidad se maldijo así misma.
Encima de que su hermana llevaba años sin preocuparse de su madre venía para crearle más problemas.

 -Pues se acabó,- vociferó en el salón como si Claris pudiera oírla. -Se acabó, me oyes? Se acabó.
La maldición de Loren, la seguía sin compasión...
Fue a su habitación y sacó del cajón de la cómoda la efigie que con tanto esmero llevaba más de dos décadas conservando. Durante unos minutos la observó pensativa. Recordó las palabras de Loren el día que se la entregó en custodia veinte años atrás.
Después de aquel día nunca más volvió a verla. Dudó algo temerosa, acarició la efigie y dijo en voz baja; tan baja que sólo ella pudo oír el sonido de su voz...

-Al diablo contigo.

Sin más dudas la rompió contra el suelo. Atónita por el arranque de irá que tenía, se sentó al borde de la cama con lágrimas en los ojos y la vista clavada en los añicos en que había quedado la efigie.
A partir de ese momento Sara empezó a darse cuenta del poder que aquel objeto poseía.
Ya nada volveria a ser como antes... Nada volvería a ser normal...

 Una extraña presencia parecía abrazar el entorno. Todo cuánto la rodeaba se vería afectado por la sombra de aquella maldición. Ahora, sólo le queda descubrir como podría romperla...
La oscuridad envolvió la habitación. Un inmenso manto de estrellas cubría el cielo cuyo destello se filtraba a través del cristal descansando sobre la mesilla de noche. Un inquietante aullido proveniente del exterior provocó que un fuerte escalofrío inundase a Sara de los pies a la cabeza. Sin poder evitarlo comenzó a temblar. Se acercó despacio a la ventana y miró hacia la lejanía; le pareció ver algo de color rojo, tan pequeño que era difícil de distinguir...