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jueves, 26 de noviembre de 2015

El decálogo de vivir


La primera vez que la oí pronunciar aquella frase, le pregunté su significado; ella, me miró. La frialdad de sus ojos me hizo estremecer.
    —Pero, ¿qué, quieres decir? Tú, tú, eres...
Vaciló durante unos segundo antes de continuar, tras los cuales sonrió sarcástica y dijo:
    —Eres una ignorante. Significa, que nada ni nadie está preparado para lo imprevisto de los sentimientos, ni mucho menos para un cuento de hadas que termina nada más empezar. Aunque luzcas una corona de hermosos diamantes, estos se pueden romper tan fácilmente como el fino cristal. Créeme... No ironizo, el corazón se resquebraja en una dura realidad.

    La miré asombrada. Sus palabras reflejaban el despecho de una mujer que había sufrido, pero al mismo tiempo, mostraban la imagen de una mujer fuerte como una roca.

    —Cuando una puerta se cierra, otra se abre Martina. El amor es hermoso y no podemos juzgar sin conocer, —hablé despacio, quería que mis palabras salieran en un tono suave, para que Martina no se molestase.

    —Tal vez sí, pero en ocasiones la atracción de un instante, el flechazo de un segundo, puede ser el puñal de muchos días, quizás, años, y entonces la recuperación es complicada, no difícil, pero sí complicada.
    —Exacto, —corté presurosa—tú misma acabas de confirmarlo. No es difícil y tú eres un ejemplo, porque aunque nunca hablas de ello, todos nos dimos cuenta de tú sufrimiento.
    —Bueno Sandra, ya está bien de paranoias—dijo Martina con seriedad—tengo dos hijos maravillosos, soy feliz, y tengo una vida que yo misma he fabricado, así que... ¡Viva la dolche vita!
    —¡Viva!—respondí, sin más.
   
En aquel momento Martina se convirtió en todo un ejemplo para mí. No solo le puso una zancadilla a su destino, si no que logró superarlo con una fuerza envidiable. Transcurridas dos horas de una conversación entre amigas, me enseñó que nunca debemos bajar la guardia ante los pequeños detalles y matices que en ocasiones el amor pasa desapercibidos.

© Nuria de Espinosa