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jueves, 24 de mayo de 2012

Y ya nunca estuve sola

La noche era cálida para el mes de noviembre. La luna brillaba con fuerza. El viento silbaba y los arboles se agitaban. A través de su ventana, una joven miraba al cielo en la penumbra de su habitación. Se sentía tan inquieta que hasta el sonido de las manecillas del reloj en su constante, tic… tac… le perturbaban. No podía olvidar el apasionado beso en su primera cita. Su primera noche de bodas. Había sido todo tan rápido, apenas cruzaron sus miradas y una chispa creció entre los dos. Parecía que el tiempo no avanzaba, Jorge se retrasaba y una extraña sensación de angustia se le acentuaba en el estomago. Tenía que darle una gran noticia, iba a ser padre y estaba ansiosa por decírselo. El sonido del timbre la sobresaltó. Carla se dirigió rápidamente hacia la puerta, creyendo que sería Jorge. Cuando la abrió el corazón le dio un vuelco. Un policía de uniforme estaba en el umbral. La expresión de su rostro, hablaba por sí sola. Carla se desmayó antes de que el policía pudiera darle la mala noticia. Ya hacía once meses de aquella fatídica noche. Carla miraba con melancólica a su bebé y pensaba en lo mucho que se parecía a Jorge. La vida a sido injusta con nosotros- murmuraba Carla, mirando a su bebé- pero me permitió tener este regalo, que es el fruto de nuestro gran amor… Siempre te amaré Jorge. –susurro en su mente, abrazando con fuerza a su bebé.