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jueves, 16 de febrero de 2012

Mi refugio: las estrellas



Miraba el oscuro firmamento durante la noche, marcado por infinidad de estrellas, que parecían observarte desde la lejanía celestial. Me invadía el deseo de que al despertar de mi pensamiento, los astros se agitasen antes para hacer el amor que para la guerra.
El cielo parecía una ventana abierta cuya única condición es abrirse al alba para dejar fluir los rayos del sol y cerrarse al anochecer para despedirse cobijándose en la luz de la luna.
Y sin embargo a medida que pasa el tiempo más me refugio en las estrellas. Resulta paradójico quedarse ensimismada bajo el luminoso coro de estrellas, que danzan extendiendo sus brazos como arrogantes constelaciones.
Mantener la conexión con la realidad és importante.
Al amanecer, el cielo parecía avanzar hacia mi ventana. Quería mantener los pies en el suelo y resistirme a contemplar la gran bóveda celeste que parecía engullirme.
El insomnio era mi gran constelación, a los pies de centauro y su arrogante lanza sobre mi cabeza.
Dibujé la figura de Saturno en mi mente, perdí todo conexión con la tierra y terminé refugiándome de nuevo en las estrellas.