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jueves, 13 de octubre de 2011

AISLADA

El viento golpea contra la ventana, su silbido penetra en el interior de la casa con ímpetu. Miro atreves de ella, los arboles se mueven con fuerza. El tiempo parece haberse detenido, solo el silbido del viento que penetra a través de la ventana rompe el silencio. El aire es tan gélido, que ni el calor de la chimenea consigue calentar el salón. La casa está rodeada por una espesa capa de nieve, pero no me importa, decidí marcharme del mundanal ruido de la ciudad, necesitaba recomponer mi mente, mis pensamientos, mis sentimientos… y lo he conseguido… estoy totalmente aislada. Me marche a vivir a la ciudad buscando una vida mejor… y solo he encontré una vida de estrés, ruido y polución. Hoy tras tres largos años, por fin, he regresado a mi hermoso pueblo “El Cañart”. Pronto las nieves cesaran y podre volver a ver mis antiguas amistades y vecinos del pueblo, pero lo que más me inquieta es no saber, que sentiré, cuando vea de nuevo a Javier, mi único y verdadero amor, el cual abandone erróneamente, creyendo que en la ciudad sería más feliz…
Había pasado una semana desde mi llegada, el sol resplandecía, y la nieve había desparecido casi por completo, me vestí con rapidez y tras tomarme un simple café, salí a caminar por mi amado pueblo, ¡cuánto lo había añorado!

-¡Carla! Cuando regresaste, -me preguntó, María una buena amiga-
-Hace una semana María, pero esperé a que la nieve disminuyese, para salir por el pueblo. ¿Cómo están tus padres? Y tú ¿sigues con Ignacio?
-Sí –respondió-, mis padres están bien gracias.
-Pero… ¿Has visto a Javier? -me preguntó intrigada-. Después de tu marcha, se encerró en sí mismo, a penas viene a las reuniones del pueblo, y cuándo asiste no dice palabra, parece ausente de todo.
– Me entristece oír eso María, intentaré pasar a visitarle, me alegro mucho de verte, dale un beso a tus padres.
– Así lo hare Carla, hasta luego.
Hasta luego, -respondí-.
Las palabras de maría, me hicieron pensar, no me sentía con fuerzas, para enfrentarme a él, así que tras comprar unos vivieres y una barra de pan, me volví al calor de mi hogar. Me prepare una sopa y algo de pollo y me dispuse a comer, cuando sonó el timbre de la puerta.
Di un respingo,
-¿Quién será? -Pensé-. Cuando abrí la puerta, me quede petrificada, era Javier, que en un tono algo irritante me decía:
¿Ni si quiera pensabas decirme que habías regresado? La impresión, que mi corazón soporto fue impactante ¡seguía amándole! Y allí estaba, ante mí… solo fui capaz de responder con un leve balbuceo.
Continuará...