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miércoles, 7 de septiembre de 2011

LA PRIMERA Y ÚLTIMA CITA


Anochecía y parpadeaban las primeras estrellas en el cielo mientras yo continuaba allí sentado, esperando que ocurriera lo que tanto tiempo había deseado.
Se levantó una brisa agradable y fresca.

Recordé cómo a diario la observaba de reojo en el trabajo. Lo incapaz que era para decirle lo que sentía por ella. Cada vez que Cris se acercaba a mí, me invadía una profunda desazón. El perfume de su piel… ese aroma que tanto en mi penetraba.

Repasaba en mi mente la forma en que Cris sonreía con picardía, cuando hablaba con el resto de compañeros de la oficina. Cómo me roían las entrañas por los celos que me profesaba. Apenas habíamos cruzado unas palabras en la oficina. Y desde el primer momento me había enamorado de ella.
Por las noches mientras dormía siempre tenía el mismo sueño. Despertaba bañado en sudor con el corazón acelerado por la excitación.

El día que tuve el valor suficiente para explicarle a Cris lo que sentía por ella, no imaginaba que ella me dijese que también sentía atracción por mí. Durante las dos últimas semanas nos hemos estado viendo diariamente después del trabajo. Y por fin hemos quedado en mi apartamento.

Me he pasado la tarde con los preparativos de la cena. Una ensalada variada, pollo al horno y un buen cava. Ahora solo falta Cris.

¿Por qué tardará tanto? pensó inquieto.

Mientras estaba absorto en sus pensamientos, sonó el timbre de la puerta. Dio un respingo en el sofá. Suspiro y pensó… por fin.

Se dirigió a la puerta y al abrirla se quedó perplejo. En el umbral, un policía le preguntaba ¿El señor José Corominas?

Y de repente todas sus ilusiones se desvanecieron…

Han pasado tres meses y aún me cuesta aceptarlo. Al maldito destino se le antojó que Cris sufriese un accidente cuando iba a reunirse conmigo. Mientras esperaba en un semáforo para cruzar, los frenos de un camión que se acercaba fallaron y terminó arrollando a los transeúntes que aguardaban a que él semáforo cambiase de color.
El destino tiene caminos insospechados.Nunca sabemos qué nos tendrá preparado. El recuerdo de lo que fue y no pudo ser me acompañará siempre.