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domingo, 11 de septiembre de 2011

EL MIEDO



Cuando Sofía salió aquella mañana, no imaginaba el día tan largo que estaba a punto de pasar.
Como cada mañana se dirigió a coger el tranvía. Era hora punta y estaba a rebosar de gente.
Con el periódico en la mano se apoyo en el respaldo de un asiento y comenzo a leerlo.
Tan solo habían pasado tres estaciones, cuando el tranvía frenó en seco.
Sofía consiguió agarrarse al asiento que tenía a su derecha, pero varias personas no pudieron y cayeron al suelo.
Comenzaron a gritar de dolor, una chica se había roto la mano. Un señor algo mayor se habia hecho daño en la espalda, el pobre solo estaba pendiente de su esposa que habia caído al suelo junto a él.
¿Qué pasaba? ¿Porque el tranvía frenó en seco?
Alguien gritó ¡han reventado parte de las vías!
La gente comenzo a ponerse nerviosa. Estaban parados en medio de un túnel medio oscuro.
Era imposible abrir las puertas y un señor algo nervioso, intentaba romper los cristales.
Sofía le dijo:
-Cálmese señor, es mejor que intentemos calmarnos.
-Cállese señora, -le contestó-. Estoy muy tranquilo.
Sofía se puso pálida y se calló.
El conductor, asustado por la reacción de la gente, se había encerrado en la cabina.
¡Boom! se escucho una explosión y la gente empezó de nuevo a gritar descontrolada.
Se empujaban unos a otros intentando abrir las puertas del tranvía. Una espesa nube de humo empezó a filtrarse por las ventanas que estaban abiertas. Sofía empezó a asustarse y se tumbo en el suelo.
Varias pasajeros la imitaron. Cada vez se respiraba con mayor dificultad. El humo se iba haciendo dueño del vagón y apenas podían verse unos a otros.
Se escuchaba toser a varias personas, otras gritaban de dolor. Cada vez había más gente en el suelo agolpándose unos contra otros. De pronto… las puertas del tranvía se abrieron y alguien gritó, ¡rápido salgan todos!
La gente casi se lleva por delante al hombre, que era un bombero.
Pisaban a las personas que estaban tumbadas, presos del pánico. Una señora pedía socorro. Alguien había pasado por encima de ella y no podía moverse.
Sofía se arrastro hacía ella y con la ayuda de un señor, consiguieron acercarla a la puerta del vagón, donde un bombero pudo sacarle y ayudarla.
Sofía no podía creer lo que había sucedido. Habían estado tres horas encerrados y parecía que había pasado una eternidad.
Habían sufrido un atentado en las vías del tranvía.
Pero Sofía solo podía pensar en los gritos de las personas y en que puede acabar el propio miedo a quedarte atrapado, sin poder salir.
Había tenido suerte, había salido ilesa del tranvía.
Cuando llegó al trabajo, sus compañeras le dijeron, que habían escuchado por la radio el atentado. Sesenta y dos personas resultaron heridas gracias a que el conductor iba atento y frenó a tiempo.
Sofía egoístamente pensó ¡Sí… he tenido mucha suerte!