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domingo, 14 de agosto de 2011

EL VIAJE DE LA VIDA

La vida es bastante difícil y complicada. Viajar por ella sin resbalar por ninguno de sus caminos, es duro e impredecible. Tomar el camino de la derecha, cuando a veces quieres ir por tu izquierda y no tropezar.
Con la pesadumbre que el paso de los años marca en nuestros cuerpos, es más difícil de soportar. Cuando el eslabón, que la cadena de la vida ha forjado en tu largo viaje, como un hierro incandescente te abrasa sin poderlo evitar.
Andamos por un mundo de inquietudes y confusiones. Es un viaje por los caminos de la supervivencia, donde tropezamos, caemos y a pesar de todo nos levantamos y seguimos avanzando. A pesar del dolor, de la distancia entre dos puntos lejanos, alcanzamos nuestro destino encaminados por la esperanza de superación. Como procedentes de un mismo infinito, donde una sola estrella parece alumbrar en la oscura inmensidad del universo.
La vida es como un galimatías, donde la mente juega un gran papel. Al nacer, nuestro destino queda grabado en un pergamino, oculto en la sabiduría de la eternidad, con un título encumbrado, en el que poco podemos cambiar. O tal vez las circunstancias lo impiden, las situaciones incompresibles en algunos momentos, pero en las que solo el tiempo, borra las huellas de nuestros pasos, por ese recóndito y pesado camino, de nuestro viaje por la subsistencia.
El laberinto de la existencia se disipa en el tiempo, donde palabras entrelazadas, forjan una gran cadena. Su destino final, reposa en una fría losa, en donde solo el silencio parece ser su única compañía. Los sueños se evaporan, como el canto de un ruiseñor, se pierde en la lejanía del estrepitoso muro que levantamos a diario. Pero estoy convencida, que aún sabiendo nuestro final, el viaje de la vida es hermoso y vale la pena vivirlo.