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martes, 19 de abril de 2011

PLENILUNIO...


Una de las tardes en que Cris sabía que se reunían, bajo a la calle y espero paciente a que uno de los chicos del grupo apareciese,  al verle acercarse por la acera, Cris se dirigió hacia él desde el  lado opuesto, acelerando el paso para cruzarse con él antes de que entrase en el local. Justo cuando pasaba por su lado, simuló un desmayo y casi se cayó sobre él. El muchacho que después supo que se llamaba Raúl, tuvo la rapidez  suficiente de cogerla y evitar que se golpease contra  la acera, la introdujo en el local y llamo a Germán,  que más tarde supo que era el líder del grupo.
-¿Porque la has traído aquí, estas loco? Le recriminó  Germán.
–Se  desmayo casi encima mío, no podía dejarla tirada en la calle, llamamos una ambulancia y se la llevaran enseguida, nadie sospechara nada, ni si quiera sabe  que hacemos, ni quiénes somos, - replicó Raúl-.
-¿Do, donde estoy? ¿Qué ha pasado? -Simulaba Cris balbuceando.
-¿Te encuentras bien?  Te desmallaste  casi encima de mí. – Le dijo Raúl-
– Perdona, es que hoy apenas comí y no me siento muy bien, vivo sola en la ciudad y estaba buscando trabajo.
-¿No tienes familia, ni amigos? Pregunto Germán extrañado.
–No, -contesto Cris.-
-Bueno, -dijo Germán, mientras guiñaba un ojo a Raúl, que le miraba extrañado- mientras pasamos la tarde, tomamos café y bollos, si quieres quedarte un rato con nosotros  y así te repones, puedes hacerlo, ya ves que este pequeño local es para divertirnos, yo soy Germán, este es Raúl y enseguida llegaran David, Marta, Jorge y Daniel.
– No quisiera molestar, -dijo Cris- .
– No es molestia, si quieres, puedes quedarte.
-Gracias Germán, -respondió, Cris en un tono, casi empalagoso.
El local no era muy grande, en el centro había una mesa, donde había una cafetera eléctrica, unos vasos de plástico, unos cuantos platos, un bol lleno de pequeños sobrecitos de azúcar, y a su lado, otro bol con cucharillas para el café. Delante de la mesa central, había tres mesas más, situadas  una al lado de la otra, con cuatro sillas cada una y encima de ellas, varios juegos de cartas, damas y ajedrez. En las paredes había varios carteles de películas y actores, y en una de ellas un gran cartel de la película Casablanca, que en realidad ocultaba la puerta de entrada, del verdadero lugar donde se reunían. A simple vista, parecía un local de reunión juvenil, donde pasaban sus ratos con juegos de sobremesa.
David, Marta, Jorge y Daniel, no tardaron en llegar, trayendo los bollos recién hechos y un tetrabrik de leche. Para Cris fue sencillo ganárselos a todos y que fuese aceptada en el grupo, aunque estaba segura, que durante días la estuvieron espiando para asegurarse que decía la verdad...
Continuara...