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viernes, 22 de abril de 2011

PLENILUNIO.... CONTINUACIÓN


Durante varias semanas, solo fueron simples reuniones al atardecer, en las que mientras jugaban una partida de ajedrez, Germán simulaba interesarse por sus gustos y forma de pensar. Cuando Germán le preguntó, que de que vivía, Cris respondió, que de la pequeña pensión que le había quedado, tras el fallecimiento de sus padres, pero que el día que se desmayo fue, porque se olvido de comer al ir de lugar en lugar, buscando un trabajo.
-¿Qué te olvidaste de comer? Jajá, es la primera vez que oigo algo parecido, -le contesto Germán riéndose.-
 – Tienes razón Germán, es para mondarse, -y los dos terminaron a carcajadas-.
Para Cris, fue fácil conquistar a Germán, era guapa y tenía buen cuerpo, y Germán se sentía orgulloso de su trofeo. –Pobre ignorante, -pensó Cris- mientras escuchaba a Germán como le decía al grupo, que Cris sería aceptada en el tridente. Al principio no sabía a qué se refería, hasta que Germán dijo;
-Cerrad las puertas, Cris hoy conocerás nuestro verdadero club, el tridente. Germán toco algo en el gran cartel que había en la pared de la película Casablanca y una puerta se abrió, todos pasaron dentro,  de aquella pequeña habitación. En las paredes colgaban dos grandes antorchas en forma de tridente, que daban una luz fantasmal al pequeño habitáculo, en su centro, una mesa sobre la que colgaba un gran mantel de terciopelo rojo y sobre ella un gran cáliz, y a cada lado del cáliz, dos grandes candelabros, delante de ellos una baraja de cartas llenas de extraños signos, delante de la mesa, varias sillas completaban el lugar. Hablaron de muchas cosas allí, de futuros planes que aun eran reticentes a contar ante ella, pero que ella ya había oído en la cantina y de un juego que pronto empezarían a jugar y del que en otro momento hablarían, Cris escuchaba atenta y les hacía creer que estaba impaciente por saber que juego era y que se sentía orgullosa de pertenecer al grupo. Claro que ellos no imaginan, que les estoy utilizando, -sonrió Cris en su interior.-
Aquella noche cuando Cris volvió a su apartamento, llegó satisfecha, ya había conseguido ganárselos a todos, se regocijaba  como a su edad, era capaz de manipularlo todo, para salirse con la suya, por algo había sido la mejor estudiante de su clase, sus profesores se  quedaban prendados de su capacidad de aprendizaje, pero sus padres nunca parecían demostrar su alegría cuando llegaba contenta a casa, con una matrícula de honor en las manos, siempre le decían…
-Nos alegramos mucho Cris, pero ahora estamos ocupados, está noche tengo trabajar, mañana hablamos eh.- Pero ese mañana, nunca llegaba y cuando conseguía de nuevo una matrícula de honor, de nuevo las mismas palabras. Cris sonrió al recordar con qué facilidad, se había deshecho de sus padres.
Continuara...