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martes, 29 de marzo de 2011

EL INNOMBRABLE (capítulo 2)

Los guerreros del innombrable, se quitaron la máscara entre espeluznantes instintos, arrastrando a los caballos entre una espesa nube de polvo, hacia las puertas del castillo. Atacando sin piedad, a todo aquel, que a su paso encontraban. Entre cuerpos mutilados y sin vida, llegaron victoriosos a las puertas del castillo. Como imbatibles, al amparo de la danza de su escalpelo, avanzaron hacia las oscuras mazmorras. Ni si quiera el olor putrefacto de sus carroñeras manos manchadas de sangre, disminuyó su furia, parecían alimentarse de ella. En sus ojos solo había el vacio, el olvido, exentos de toda emoción, de toda expresión, como si una fuerza sobre natural les guiase, se quedaron inmóviles a las puertas de las mazmorras.
El innombrable, escupió una gran bocanada de sangre, a las puertas del castillo. Mientras contemplaba el desolador paisaje de cadáveres, que a su paso, habían dejado sus guerreros. Soltó un estrepitoso grito. Mis guerreros saben servir a su señor –dijo, con una virulencia bestial.- recordando sus orígenes, en algo que solo la carroña, y la muerte, podía conseguir. A grandes zancadas, se avanzo al interior del castillo, hacia las mazmorras. Los gritos lejanos de los pocos habitantes, que aun quedaban con vida, alentaban más su avance. A él solo le recordaban, la abundante ceniza de los mortuorios.
El cielo estaba cubierto de amenazantes nubes negras, parecía una bóveda a punto de reventar. Se dirigió al pie de la escalera que llevaba a las mazmorras. Los desordenados peldaños, apenas se veían en la oscuridad de la noche. Entre la negrura nocturna, bajó con rapidez los peldaños de la escalera, que parecían no tener fin. Un pequeño resplandor, tiñó de rojo un rescoldo de la escalera, señalando la entrada a las mazmorras, donde los guerreros, esperaban impasibles. Cuando el innombrable pasó cerca de los guerreros, no hicieron ni el más mínimo gesto, mientras avanzaba hacia la puerta de la mazmorra. Al abrirla, tan solo había un pequeño quinqué, que iluminaba los pies de alguien entre las sombras, de la mazmorra.